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DISCURSO DE CÉSAR CAMACHO, EN EL MARCO DE LA INAUGURACIÓN DE LA REUNIÓN DEL CONSEJO DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA.
DISCURSO DE CÉSAR CAMACHO, EN EL MARCO DE LA INAUGURACIÓN DE LA REUNIÓN DEL CONSEJO DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA.

Internacional
Lunes, 30 de junio de 2014

Discurso


VERSIÓN ESTENOGRÁFICA DEL DISCURSO QUE PRONUNCIÓ EL DOCTOR CÉSAR CAMACHO, PRESIDENTE DEL COMITÉ EJECUTIVO NACIONAL DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL, EN EL MARCO DE LA INAUGURACIÓN DE LA REUNIÓN DEL CONSEJO DE LA INTERNACIONAL SOCIALISTA, QUE SE REALIZA EN EL HOTEL “CAMINO REAL” DE LA CIUDAD DE MÉXICO.

Respetado Presidente George Papandreou.

Amigo presidente Jesús Zambrano.

Señoras, señores del presídium.

Legisladoras, legisladores y dirigentes partidarios mexicanos.

Compañeras y compañeros de la Internacional Socialista.

Cada ser humano razonable debería ser un socialista mesurado, decía Thomas Mann, y me atrevo a agregar: cada ciudadano moderado y con sentido práctico debería ser un socialdemócrata.

La corriente de pensamiento filosófico y línea de acción política más significativa del Siglo XX, la socialdemocracia, está llamada a ser la gran protagonista del Siglo XXI; una socialdemocracia que sin dejar de ser la misma haga de sus desavenencias, experiencias; que con humildad se nutra de otras formas de pensar afines y que convierta en lección el resultado de cada elección.

Una socialdemocracia que se atreva a emprender una nueva batalla cultural.

La socialdemocracia de hoy y de mañana, organizada la Internacional Socialista, cuyo Consejo se reúne en México para ir tras sus prioridades en la economía global, explorar los caminos de la paz en los conflictos abiertos, trabajar junto a quienes se movilizan por la democracia y definir cómo y qué hacer para afrontar adecuadamente el complejo fenómeno de la migración.

Reciban, amigas y amigos, una cálida y fraternal bienvenida con los mejores augurios de éxito; que los acuerdos que aquí se consigan nos hagan más iguales y más libres.

Estamos comprometidos todos los aquí reunidos con una socialdemocracia que cambie nuestro presente; éste punto de unión de dos centurias, en el que no sólo atestiguamos la irrupción del mundo digital, sino presenciamos la globalización de una desgarradora realidad: la injusticia social.

Desigualdad tan palpable como absurda de un planeta que apuesta por el comercio libre, en el que paradójicamente resulta más fácil comerciar con un contenedor de armamento, que con uno lleno de alimentos.

Éste nuestro tiempo de capitales volátiles, que a su paso dejan una estela de desigualdad, perpetuando dramáticas diferencias en las condiciones de vida; distancias cada día más palpables, incluso ahí donde el Estado de bienestar casi las había desaparecido y que en los países menos desarrollados, alcanza expresiones moralmente inaceptables.

Empobrecimiento general, como ha calificado Paul Krugman, a la situación derivada de un modelo vigente en gran parte del orbe, que ha explicado el propio Krugman como una desregulación financiera que beneficia mucho a muy pocos y perjudica también mucho a muchos.

Crisis neoliberal que abre una ventana de oportunidad a la socialdemocracia, no para reinstaurar el proyecto de los años 50's y 60's, ese que resultó exitoso en un mundo sin instancias políticas ni económicas supranacionales, de casi nula interdependencia financiera y escasa influencia de las grandes corporaciones.

Tiempo en el que la democracia no era la constante, ni existía la conectividad de mercados, personas y medios de comunicación, que hoy vivimos a plenitud.

Ahora se requiere una socialdemocracia transformada, que vaya más allá del Estado de bienestar, que en las nuevas condiciones económicas parece atrapado en el falso dilema: crecimientos sin igualdad o igualdad sin crecimiento.

Una socialdemocracia avocada a la generación de riqueza como condición indispensable para lograr su redistribución, que apueste por la libre empresa, pero asegure la regulación de los mercados; que no tema recaudar impuestos, siempre que aumente su gasto de inversión y se ahonde en la transparencia.

En pocas palabras, un Estado eficaz por su capacidad para hacer efectivos no sólo los derechos políticos, sino más aún, los derechos sociales y económicos de sus habitantes; un Estado en el que las fuerzas socialdemócratas y progresistas puedan crear una nueva cultura política.

Una acción política y de gobierno que democratice la productividad, dedique los instrumentos del poder -esto es- los recursos públicos, las leyes, las instituciones, todo al mejoramiento de la calidad de vida de la gente.

Ese fue en México el planteamiento que al menos un año antes de su elección, formuló quien hoy es el presidente de la República y ese es el centro del Programa de Acción del PRI.

Tal fue, lo subrayo, el punto en el que coincidieron las visiones y las propuestas que los principales partidos políticos formularon en aras de construir un país mejor; dieron, dimos, sobrada muestra de responsabilidad y patriotismo para concertar el gran acuerdo de acción legislativa y política plasmado en el Pacto por México.

En él, el propósito claro y compartido por los firmantes fue culminar la transición democrática e impulsar el crecimiento económico que genere empleos de calidad para los mexicanos y permita disminuir la pobreza y la desigualdad social.

Por medio de las reformas transformadoras, impulsadas por muchos y un buen número impulsadas específicamente por Enrique Peña, que con el concurso de todos, particularmente de senadoras, senadores, diputadas y diputados que conforman un Congreso plural, en el que ningún partido cuenta con la mayoría, los mexicanos hemos dado pasos firmes, seguros, en la solidificación de un Estado social y democrático de Derecho.

Es así que han sido reformados 64 de los 136 artículos constitucionales, el 44 por ciento del total y terminarán por aprobarse, según mis estimaciones, 21 nuevas leyes y 64 serán reformadas y adicionadas.

Estas cifras no sólo dimensionan el tamaño de las reformas, sino que demuestran la eficacia de la política y la calidad de la democracia; esta democracia que se mueve en márgenes muchas veces difíciles de precisar.

Con ellas, con las reformas, además de una educación de mayor calidad, se busca un país próspero, que multiplique y abarate el crédito; una economía que promueva la competencia en telecomunicaciones, acabe con los monopolios y ofrezca servicios de mayor calidad; una reforma hacendaria para incrementar los recursos fiscales para la inversión, con la que sea posible una mayor inclusión social; y muy importantemente, una reforma energética que, desde mi punto de vista, permitirá aprovechar a cabalidad nuestros hidrocarburos en beneficio de todos los mexicanos.

Sin estar exentos de dificultades es, con una profunda convicción democrática y con un claro compromiso social, como se ejerce el poder en México, promoviendo la participación de todas las fuerzas políticas, en un clima de libertades ciudadanas.

Con ideas, programas y acciones de gobierno de inspiración indudablemente socialdemócrata, de quien sabe que sólo con libertad, es posible la igualdad, y que nada más gozando de efectiva igualdad, se puede ser efectivamente libre y vivir en paz.

Bienvenidos.



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